No poder lograr sostener agarrar los lápices o
ellos se deslizan como culebras, inasibles.
El sol tuerce sus gruesas caricias a lo largo del viento, sus cuerdas.
Tomaría todo el aire hoy, absolutamente
todo el aire hoy. El mar debe ser un gran sahumerio.
"Ay, hola! ¿Habéis estado perdido, pequeño loquillo? No te hemos visto en el comedor."
Dos sudores bajan. El sol y
Melinda. Pero mis párpados no se mueven y en el medio centro lugar eje muro,
en el contorno de mis aires, le llevo una estática e indolora
mueca a Melinda.
La pintura se descorre un momento de su cara
se desgarra
se desgrana
se desgana, se desviste, se muere, se pudre, obsoleta,
se muere. Un momento.
Se descalza, se pincha. Se descascara. Casi casi como descubrir un
pezón.
"A ver pues cuándo nos dignas con tu presencia y volvemos a ser los tres de siempre, pues!"
Transita el sol. Lo amo.
O lo amo porque volverá.
Sus cuerdas. Sus culebras,
inasibles.





